La educación para el consumo, un derecho constitucional

(*) Nota publicada en el Centro de Debates Constitucionales (http://DebatesConstitucionales.org ) y en Reflexión y Praxis ( http://ReflexionyPraxis.com.ar).

Autor: Juan Marcos Tripolone 
Publicado el Martes, enero 14th, 2014 a las 12:49 

(El autor es Presidente de Corporación de Industrias Tecnológicas S.A. y Director de J.M. Tripolone & Co. Capital Holdings, Inc. | @JuanTripolone ).

La Educación para el Consumo, un Derecho Constitucional | Nota de Juan Marcos Tripolone publicada en el Centro de Debates Constitucionales y en Reflexión y Praxis.

Nota de Juan Marcos Tripolone publicada en el Centro de Debates Constitucionales y en Reflexión y Praxis.

No importa en qué economía vivamos, desarrollada, emergente o subdesarrollada, siempre habrá dentro de sus parámetros normales, ciclos de bonanza y crecimiento, y ciclos de estancamiento.

Resulta obvio decir que pretender una vida de consumo desenfrenado y constante de forma invariante es una invitación a la locura, la mismísima decisión de transformar nuestro patrón de compra en un casino financiero. Los ciclos de bonanzas son acompañados con aumentos de salarios y acceso al crédito. Esto apalanca positivamente la economía, pues el aumento de consumo fomenta a la producción y por ende a la inversión. Y está bien que así sea.

Pero si nos trasladamos de la macro a las microfinanzas hogareñas, cabe preguntarse si un asalariado de sectores potentados como el petrolero, el minero o el transportista puede sucumbir deliberadamente a este patrón financiero de consumo descontrolado, pretendiendo mantenerlo con el tiempo de forma permanente.

Las técnicas de mercadeo habrán logrado su objetivo si toda la sociedad adquiriese tal patrón. Pero, ¿sería sostenible? Deviene sorprendente observar la masificación de personas que vive por encima de sus posibilidades. No importa qué tan alto sea su sueldo, siempre se encuentran con cuentas demás. Esta masificación en la carencia de dinero por exceso de consumo en épocas de bonanza potencia también las discusiones salariales; a esto le llamamos “puja distributiva”, fenómeno normal en los mercados ascendentes.

Si a todo esto le sumamos un contexto de tensión inflacionaria, la desesperación y avidez por el consumo se vuelve insostenible: el dinero quema en las manos, cuanto más rápido nos desprendamos de él, tanto mejor.

Tal opresión en búsqueda de la compra de felicidad a través del consumo no haya cura en otro lugar que no sea la educación financiera. Es sorprendente que en ningún plan de estudio esté contemplada la educación financiera a los niños. Parece mentira que nadie tenga temor de que las futuras generaciones, nuestros hijos, y nosotros mismos, caigamos una y otra vez en la anestesiante trampa del capitalismo moderno en las sociedades. Se nos enseñó un buen cuento del que nos persuade Robert Kiyosaki en sus publicaciones: “ve a la Universidad, obtén buenas calificaciones, consigue un trabajo estable que te pague un buen sueldo y te garantice una buena jubilación”. Casi un oxímoron. El trabajo estable hoy en día sencillamente no existe. Y ni hablar de una buena jubilación. Pero este consejo es el que damos a nuestros hijos. Es que a nosotros nos lo enseñaron así.

Hay objetivos bien tendenciosos en que toda la sociedad global haya aprendido este cuento del igualitarismo. Todos somos átomos, tan iguales como insignificantes, que debemos cual hormigas tomar nuestro trozo de pan y llevarlo a la reina, sin pensar, sin construir nuestro propio camino: ya todo está inventado. Tan sólo ve a la universidad, obtén buenas calificaciones, consigue un empleo estable que te pague un buen sueldo y te garantice una buena jubilación. Y no preguntes.

Es tendencioso, porque si así no fuera, si este “gran consejo paternal” no fuese masivo en las sociedades occidentales, el mundo tal cual lo conocemos, y el modelo financiero global, simplemente colapsaría. La hormiga reina necesita los panecillos de sus súbditos: necesita quien are la tierra y luego tome deuda de su banca para poder así crear más dinero, y consuma también los productos que fabrique. Si no, nuestro sistema financiero, nuestra moneda fiduciaria, nuestra economía cuya base es el endeudamiento para el consumo, no podría funcionar.

¿Comprende el lector por qué nadie nos enseña en la escuela qué, cómo, cuánto, cuándo y por qué comprar? Ni tampoco nos enseñan en qué invertir, cómo ahorrar de modo inteligente, cómo independizarse y poder emprender negocios sin caer en la trampa del trabajo. Abrir los ojos del entendimiento de la sociedad, sería un suicidio para los dueños del capitalismo moderno.

Sin embargo, esto no fue pensado así por los constituyentes de 1994. De la mano de la nueva generación de derechos sociales, el artículo 42 contempla la necesidad de la educación al consumidor. Es un derecho que conlleva una garantía y aval constitucional que el pueblo puede y debe reclamar, para que se eduque en la administración de nuestras decisiones financieras y de consumo.

En el sitio de la ONG Consumidores Argentinos, se toma la definición de Educación al Consumidor de Nieves Álvarez Martín (Directora de la Escuela Europea del Consumidor), la cual indica que se trata de “Una actividad permanente por la que se intenta conseguir personas libres, conscientes, críticas, solidarias, responsables, comprometidas con su entorno medioambiental, conocedoras de sus derechos y listas para asumir sus responsabilidades en un mundo globalizado en cambio permanente, generador de desigualdades y desequilibrios.”

Me pregunto si en estos 10 años de bonanza económica, inclusión de personas en el empleo y aumento del poder adquisitivo de la sociedad, se les habrá enseñado a los consumidores a no implosionar con sus propios nuevos beneficios, tomando decisiones “conscientes, críticas, solidarias, responsables, comprometidas con su entorno, conocedoras de sus derechos y listas para asumir sus responsabilidades sabiendo los desequilibrios posibles” a la hora de consumirse sus haberes.

La misma ONG citada nos menciona con claridad el marco legal-constitucional por el que nuestras escuelas debieran enseñarnos a consumir.

En el año 1993, el Congreso Nacional, promulga la Ley 24.240, como LEY DE DEFENSA DEL CONSUMIDOR. El Capítulo XVI de su título 3 de disposiciones finales, se denomina Educación al Consumidor. Los artículos 60 y 61, hacen expresa referencia a la educación para el consumo:

“Art.60.-Planes Educativos. Incumbe al Estado Nacional, las provincias y municipalidades, la formulación de planes generales de Educación para el consumo y su difusión pública, fomentando la creación y el funcionamiento de las asociaciones de consumidores y la participación de la comunidad en ellas, debiendo propender a que dentro de los planes oficiales de educación primaria y media, se enseñen los preceptos y alcances de esta ley.”

Art. 61.- Formación del Consumidor. La formación del consumidor debe tender a :

(a) Hacerle conocer, comprender y adquirir habilidades para ayudarlo a evaluar las alternativas y evaluar sus recursos en forma eficiente;

(b) Facilitar la comprensión y utilización de información sobre temas inherentes al consumidor; […]”

Espero que todos tomemos conciencia de nuestra propia realidad financiera para no caer en la trampa del consumo y endeudamiento eterno del sistema financiero global. A consumir como dicta la Constitución.

Enlace directo a la nota:

Escuchá online o descargá en MP3 en tu celular, PC o tablet el podcast de ésta columna en el porgrama “Café de Negocios” conducido por Juan Marcos Tripolone en Radio Light F.M. 97.3Mhz:

0145 Edición - 01 - 13-07-2016 - Con Alejandra Saffe

https://ar.ivoox.com/es/player_ej_12215262_4_1.html?c1=ff6600

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0024 Edición - 01 - 09-12-15 - Inmuebles con Eliseo Pérez Olivera

Juan Marcos Tripolone conversando con el Ing. Eliseo Pérez Olivera, presidente del Colegio Público de Corredores Inmobiliarios y director de Pérez Olivera Propiedades. Escuchar/Descargar esta edición del programa.

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