2016: ¿El año de la reconversión del capitalismo global?

Por Juan Marcos Tripolone. Columnista económico de Cinco Ruedas – El Diario del Inversor Bursátil | Twitter: @JuanTripolone

Con diferencia de días, Monsanto fue adquirida por Bayer en U$S 66.000 millones; Dell compró EMC por USD 67 mil millones (la adquisición más cara de la historia de la tecnología); los accionistas de AB InBev y SABMiller aprobaron la operación por más de US$ 100.000 millones, lo que creará el mayor grupo cervecero mundial; Marriott y Starwood completaron la mayor fusión hotelera por 13.000 millones de dólares con lo que el grupo ahora cuenta con 5.700 hoteles y 1,1 millones de habitaciones, constituyéndose en la cadena de hoteles más grande del planeta; y Uber China se fusionó con su gran rival local, Didi Chuxing, operación que supone la creación de un gigante del transporte valorado en más de U$ 35.000 millones (fusión que aún no se confirma ya que el Ministerio de Comercio chino investiga si no se estaría conformando un monopolio).

El mercado de las fusiones y adquisiciones se reactiva y genera negocios astronómicos que vuelven a concentrar el capitalismo en pocas manos para muchos sectores de la economía mundial.

Esta creación de gigantes “demasiado grandes para caer” explica porque ya no reviste tanto peligro como hace 8 años atrás que una empresa monstruosa como el Deutsche Bank comience a tener problemas de caja por sus jugarretas en los mercados de las tasas de interés, las hipotecas basura y los derivados financieros opacos. Al fin y al cabo, los estados no pueden desentenderse de estos monstruos. En primer lugar, porque los estados permiten que estas fusiones ocurran. En segundo lugar, porque son los estados quien debieran ejercer el monitoreo para prevenir maniobras oscuras y demasiado riesgosas. Adicionalmente, son giratorias las puertas de estos organismos de contralor estatales: por ellas entran y salen los mismos funcionarios que ocuparon u ocuparán puestos jerárquicos en el organigrama empresarial de las grandes corporaciones.

Y, por último, se sabe de sobra lo que significa el dejar caer a un “too big to fail”. Ya vivimos la traumática experiencia cuando en septiembre de 2008 se dejó caer al centenario y gigantesco Lehman Brothers. Resultó ser que el banco era más grande de lo que se creía. Sus estructuras societarias y vehículos de inversión se esparcían por todas las jurisdicciones de considerable opacidad fiscal, y contenían en sus carteras instrumentos financieros complejos y ramificados por todo el mundo, que comenzaron a revestir y contagiar sus enormes pérdidas.

Como siempre, el castigo ejemplar que se le propinó al Lehman, no fue abonado por el banco o sus directivos. El terreno financiero global se asemeja a un campo minado, con dinamita interconectada que explotó por doquier, y la crisis de hipotecas se transformó en una crisis bancaria, que devino en crisis de deuda de los estados que intentaron rescatar a los bancos para que no se siga propagando la plaga. Rescate que abonó cada ciudadano de a pié, con impuestos y recortes.

Finalmente, no rescatar al viejo banco de inversión devino en un efecto contagio en el mercado inmobiliario, constructor y de deuda global, con consecuencias en los niveles de empleo que retrajo el consumo interno de los países industrializados, y generó una progresiva desindustrialización de los países que habían atravesado un proceso de industrialización por sustitución de importaciones relativamente exitoso. La mayoría de estas mercancías industriales iban a parar al mercado interno, por la falta de competitividad que las mismas tenían frente a sustitutos de origen asiático en el mercado de exportación. Por tanto, la caída de los mercados internos fruto del desempleo y los ajustes las afectó directamente.

La lección aprendida de lo que ocurrió con Lehman Brothers, debiera ser: “no hay que portarse mal timbeando en los mercados”. Pero la enseñanza real no fue esa, sino: “hay que salvar a las grandes compañías para no generar otro estruendo contagioso en la economía mundial”. Es que en un mundo hiperconectado, ya no se puede tirar al patio trasero de otro país ningún problema económico, porque afectar a ese país muy probablemente significa perjudicar la economía de un potencial comprador o “cliente” del país de origen.

Sin embargo, la banca mundial sufre también los dolores de parto de una nueva era para el sistema financiero mundial, era en la cual las startups de alta tecnología comienzan a tomar posiciones de preeminencia en las finanzas y el procesamiento de pagos. No pareciera que la banca tradicional estuviese despertando de su somnolienta y cómoda letanía para reconvertirse y montarse en la economía del compartir y del conocimiento, en donde la big data es el nuevo petróleo, y los servicios se inmaterializaron y se montaron en una nube imaginaria e intangible.

Hace unos meses, el poderosísimo y gigantesco JPMorgan contrató a una pequeña startup de Silicon Valley constituida por un pequeño equipo de tecnólogos, para revisar y auditar su mecanismo de operatoria en los mercados financieros, tras detectar algunas fallas en sus sistemas. El gigante demostró una vez más tener pies de barro, y una sobre-dependencia de las compañías que dominan la era de la información. ¿Quién tiene, pues, el control de los mercados globales? ¿La banca realmente domina lo que ella misma genera? Quizá por esto, Wall Street se llenó en los últimos años de matemáticos, físicos e informáticos que programan las plataformas de “hyper-trading” algorítmico, que les permiten a los fondos de inversión inyectar y remover de los mercados billones de dólares en cuestión de segundos. Entonces, ¿Los grandes bancos realmente dominan a los mercados, o son estos expertos quienes saben lo que verdaderamente ocurre?

La respuesta a este enigma es relevante. La financierización de la economía devino en la crisis del 2008, puesto que la economía financiera era varias veces superior que la economía real en cuanto a valorización, debido a la maraña estratificada en varios niveles de derivados financieros.

Un ejemplo de lo vertiginoso de esta reconversión está justamente en Uber. Los taxistas de cada país ponen el grito en el cielo cuando esta compañía desembarca. Pero los empleos que genera Uber hoy, son los mismos empleos que el propio Uber destruirá con el vehículo autómata. Ergo, los choferes uberistas revolucionarios del hoy serán los taxistas enojados del mañana.

Y aquí volvemos al comienzo, puesto que finalmente la economía colaborativa no es lo que los más optimistas suponían. Sus defensores afirman que democratiza al capital, convirtiendo a cada propietario de un sofá o de una herramienta en un microcapitalista que puede rentar este activo cuando no lo esté utilizando. Pero lo que realmente hemos creado, es la cadena hotelera más grande del mundo (AirBNB), y la empresa de transporte más poderosa del globo (Uber).

2016, el año de la reconversión del capitalismo global.png

Fuentehttp://www.diarioclave.com/sin-categoria/2016/10/2016-ano-la-reconversion-del-capitalismo-global/ y CincoRuedas.com | El Diario del Inversor Bursátil.

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